№ 01 Diario · 1 mayo 2026 · 7 min
El uniforme invisible del centro de A Coruña, 2026.
Vine de Caracas, pasé por Sants, aterricé en la Real. Lo que se viste un viernes a las ocho en el centro de A Coruña dice más del consumo local que cualquier informe de Inditex.
El primer viernes que salí en Coruña pensé que estaban grabando un anuncio. Iba bajando Juan Flórez con un amigo y vi pasar a tres chicos seguidos —no juntos, separados de medio minuto— con la misma camiseta blanca grande, los mismos pantalones cargo beige, las mismas zapatillas blancas chunky. No se conocían. Era pura coincidencia estadística. Y empecé a contar.
De cada diez chicos entre 18 y 25 que cruzaron la esquina de Real con Cantón Pequeño esa hora, siete iban con alguna combinación de las cuatro piezas: tee blanca, sudadera negra básica, cargo neutro, zapa blanca pesada. Las chicas tenían más variedad —ahí entraba el corsé top, la falda midi, el bolso Charles & Keith de croché— pero también mucha repetición.
Pull&Bear se ha vuelto la vida
Lo que pasa aquí no es que Coruña sea conservadora. Es que Pull&Bear se ha vuelto la vida. Literal. Si entras en cualquier instituto de la ciudad y preguntas dónde se compraron lo que llevan puesto, vas a oír lo mismo cinco veces seguidas: Pull, Bershka, Zara. La cuarta respuesta podría ser Stradivarius si es chica, Cropp si tiene padre con paciencia para Polonia, o Decathlon si va al gimnasio. Y ya.
Inditex está aquí al lado. Literal. Pero no es proximidad geográfica lo que vende: es proximidad mental. Compras en Pull porque Pull es lo que hay.
Y es cómodo. Yo lo entiendo. Una sudadera negra de Pull cuesta 25,99€, te dura una temporada y media si no la metes mucho a la lavadora, y te garantiza que no vas a destacar para mal. Pero también te garantiza que no vas a destacar. Eso, repetido por una ciudad de 250.000 personas, produce un efecto raro: te paseas por el centro y, si haces el ejercicio de mirar de pies a cabeza, ves diez personas distintas pero una sola persona repetida.
El uniforme y por qué es invisible
Lo llamo "uniforme invisible" porque nadie lo ve. Si le preguntas a alguien que va con la combinación si está siguiendo una moda, te dice que no, que él se viste como le da la gana. Y técnicamente es verdad. Eligió cada pieza por separado, en visitas distintas, en momentos distintos. Pero el algoritmo del feed de Pull (y de Zara, y de Bershka) lleva años empujando exactamente las mismas cuatro siluetas.
Hay tres motivos por los que el uniforme funciona aquí mejor que en BCN o en Madrid:
- El clima. Coruña tiene 11 meses de gris y uno de "casi sol". En 11 meses no destacas ni eligiendo, así que el cálculo coste-beneficio de arriesgar con una pieza es bajo. Compras lo seguro.
- El círculo. Coruña es chica. La gente con la que vas a coincidir el viernes en Atlántico es la misma con la que vas a coincidir el sábado en Filomatic y el domingo en el Soho. No te puedes permitir un look que se "queme" rápido. Lo neutro no se quema.
- El precio. Una sudadera de Carhartt cuesta tres veces lo que una de Pull. Para un sueldo de hostelería joven, esa diferencia se nota mucho. Y aquí casi todos los chavales de mi edad han pasado o están en hostelería.
Por qué me importa
Yo trabajaba en una cafetería del centro. Veía pasar 200 personas al día. Empecé a apuntar combinaciones en el móvil cuando entraban —sin nombre, sin foto, solo combinación— porque me daba curiosidad. Después de seis meses tenía una hoja de cálculo bastante fea pero clarísima: el 64 % de los chicos que entraban a comer entre las 14:00 y las 16:00 cumplían al menos tres de las cuatro piezas del uniforme.
Eso no es un juicio. Es solo un hecho. Y como diseñador (en formación, en taller propio, en confección desde casa) me obliga a una pregunta incómoda: ¿qué propones tú que no sea simplemente otra cosa?
La respuesta a la que estoy llegando, después de un año dándole vueltas, no es "vístete diferente". Es haz piezas que funcionen DENTRO del uniforme pero rompan una sola cosa. Una sudadera negra básica con la costura visible cambiada de sitio. Un cargo beige que termina dos centímetros más arriba. Una camiseta blanca con un dobladillo a mano. Pequeños desplazamientos, no revoluciones. La gente de Coruña no quiere parecer un personaje. Quiere parecerse a sí misma, ligeramente mejor.
Eso es lo que estoy intentando coser este año.